Home Camino Real ¡INSÓLITO! Paseó al perro y creó el Velcro 

¡INSÓLITO! Paseó al perro y creó el Velcro 

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¡INSÓLITO! Paseó al perro y creó el Velcro 
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Pocos lo saben, pero una de las invenciones que usamos a diario nació de un simple paseo con un perro en los Alpes suizos. Era 1941 y el ingeniero George de Mestral no podía imaginar que ese momento tan común se convertiría en un hito de la innovación. Al regresar a casa, notó que el pelo de su perro y su ropa estaban cubiertos de pequeños “carrapichos”, palabra que aquí reemplazamos por “toritos”, esas semillas que se adhieren a todo lo que encuentran. 

Mientras que la mayoría de la gente se habría limitado a despegarlos y seguir adelante, George hizo algo diferente: Decidió investigar. Colocó las semillas bajo un microscopio e hizo un descubrimiento que cambiaría su vida – y la forma en que millones de personas cierran zapatos, mochilas, ropa y equipos hasta el día de hoy. 

Esas semillas presentaban ganchos naturales microscópicos que se adherían fácilmente a las fibras. Y fue aquí donde la naturaleza reveló su genialidad. 

George tuvo una idea brillante: ¿Y si ese mecanismo pudiera replicarse en el laboratorio, creando un sistema de cierre simple, reutilizable y resistente? Le tomó más de ocho años de experimentos y fracasos, pero en 1955 finalmente registró la patente de una invención revolucionaria: El velcro. El nombre nace de la unión de dos palabras francesas: Velours (terciopelo) Crochet (gancho) El sistema era sencillo: una tira con ganchos diminutos y otra con pequeñas presillas que se enganchan presionando y se separan con facilidad. 

Al principio muchos se burlaron de él – “cosas de niños”, decían. Pero en poco tiempo el velcro conquistó la industria aeroespacial (la NASA lo utilizó en los trajes de los astronautas), el ejército, la medicina, la moda e incluso los juguetes.  

Hoy lo encuentras en todas partes: zapatos, bolsos, carteras, vestidos, chaquetas, dispositivos médicos y artículos escolares. Todo gracias a la curiosidad de un hombre ante un detalle que todos ignoraban. George de Mestral murió en 1990, pero dejó un legado que se adhiere –literalmente– a la vida moderna. ¿La moraleja de la historia? Nunca subestimes los detalles. Las grandes ideas a menudo se esconden en las pequeñas cosas. 

Y la naturaleza… bueno, sigue siendo la ingeniera más grande de todas.