El Zorro

Vino Jeff Sessions un rato y se fue. El discurso fue tan predecible como lleno de frases algo difíciles de comprobar. Más aún si las instrucciones eran que nadie podía acercársele y menos hacerle preguntas. Según él, las lluvias, sequías, vientos, eclipses de sol y luna, carros mal estacionados, y que se acabara la leche 0% en el súper son culpa de los inmigrantes. Dice que nosotros recibimos de una forma u otra a -bajita la mano- un millón de gente de afuera cada año y que eso es muchísisimo. El Zorro sacó su teléfono inteligente frente a los muchos agentes secretos y no tan secretos y dividió lo que dijo el hombre entre los 325 millones que somos hoy y le dio como 0.3%… y los doce millones que dice que están indocumentados son algo así como el 3.7% de todo “Güerilandia”. Uff, suspiró algo fuerte. “Creía que esto era algo muy serio”, pensó. ¿O sea que si solo el 1% de los que son de “acá” se dedicaran a la vida criminal serían como tres veces más que los de “allá” que nos están invadiendo?… murmuró. El Zorro quiso hacer su aporte patriótico y con decisión enfiló a la tienda del dólar a conseguir una calculadora para el pobre señor y evitarle la pena de volver a decir esas cosas en público. A pesar de que un zorro no sabe leer, el arbolito verde era fácil de recordar y se las arregló para conseguir su calculadora. Raudamente trató de regresar a ver a este señor, pero ya se había ido. Vino y se fue en avión especial para él, hubo polis empistolados con uniformes de todos colores y otros disimulando, aunque usaban el mismo traje, lentes oscuros, barba rasurada hacía menos de una hora y un espagueti en la oreja izquierda, tan igualitos que hasta sus mamases los confundirían. No le pudo dar la calculadora que con tanto esfuerzo le consiguió. Sessions armó todo este revuelo para estarse una horita maso. “Y hasta le conseguí una de color cremita porque de las de blanco puro se habían acabado”, dijo. Al parecer se quería regresar rápido. Ni una bolsita de chile picoso de Hatch llegó a comprar para llevarse. Si Trump prueba uno de esos en una de esas no lo despide tan pronto y con unos habaneros mexicanos perdona a todo el mundo y no hace el muro. Es cosa de que entienda que los habaneros no vienen de Cuba y que los de Hatch están en Nuevo México, que es parte de los Unaited Esteits, no como los de Puerto Rico, que son otro tema que el presi preferiría no tratar. “Le llevo rollos papel de cocina para que vea como me gusta su estilo y no me despida”, dijo en el aeropuerto parado en un banquito para que alcance en salir en las fotos con los tres o cuatro que lo fueron a despedir. Dicen que durante el vuelo ni al baño fue por superstición. “Ya lo corrió al Secretario de Estado Tillerson cuando estaba leyendo una revista en el baño… mejor no le doy más ideas”, pensó. Así pasó una de las visitas más previsibles de los últimos tiempos. Discursos hablando de la guerra imaginaria en la frontera mientras sabe Dios que pasa en lugares donde la guerra es más de adeveras. Veremos si en “Wachington” no se avientan unos cuetazos rumbo a Siria o al loco coreano se le da por cancelar el encuentro con el mero-mero y en medio de la confusión, que no distracción, el jefe de todos los jefes se acuerda de sus tiempos en la tele cuando le decía “IU AR FAIRED” a todos los que se dejaran y apunta el dedo hacia todos los que lo andan investigando o la Melania se cansa de no tener lana para el mandado y le pide unos 130 mil dolarucos para hacerse el pelo y las uñas un dia de estos. Y lo más peor de esta historia es que está basada en hechos reales, como en el cine o las novelas de la tele. Hasta la próxima con más novedades e intrigas de palacio. Amén.

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