Los dolores de Don Ernesto y los consejos de Manuel

Parecía un día como cualquier otro y así era para casi todo el mundo. Pero para Don Ernesto era un día diferente. “Tropecé. Me caí hace una semana y me duele mucho”, le contó a su vecino Manuel en Vado. “Debo ir a la clínica en Las Cruces a que me revisen y me den algo”, dijo con voz entrecortada mientras que lamentaba que sus dos hijos estuvieran trabajando y no pudieran acompañarlo.

“Mira Ernesto, no se si sepas que ya hay un autobús que pasa por aquí y te deja enfrente de la clínica. Yo te acompañaré”, le recomendó el vecino. Los dos hombres sabían que a su edad necesitaban una manera segura de llegar sin batallar.

El autobús llegó bien puntual como marca el horario. Durante el viaje el chofer les contó que hay un servicio especial para gente como ellos que se podía salir un poquito de la ruta y recogerlos en la casa. “Es justo para personas mayores o enfermos”, dijo. Ernesto y Manuel miraron a los otros pasajeros que estaban distraídos con sus teléfonos usando la internet gratis. “Algunos son estudiantes que aprovechan el tiempo para completar la tarea. Varios vienen tienen clases todos los días y ya los conozco un poco”, siguió contando.

Así siguieron platicando de la vida y sus historias. Casi no se sintió el tiempo y llegaron a Las Cruces donde el dolorido Don Ernesto reparó que estaba exactamente enfrente de donde iba a verlo el doctor.

Cruzó la calle y su vecino y amigo Manuel, lo esperó pacientemente mientras que le hicieron unos estudios que por fortuna salieron bien. “No sabes como te agradezco el consejo que me diste Manuel. Ahora ya se como moverme como cuando éramos jóvenes”, dijo Ernesto. “El doctor me dio unas medicinas y dijo que si me cuido se me irá el dolor bien rápido”, agregó.

Y con una sonrisa y un abrazo a la antigua, con palmada en la espalda incluida, se despidió ya de vuelta en su casa. Y con mucha seriedad le hizo una promesa… que la siguiente vuelta él lo invitaría y ya aliviado de su bendito dolor se iban a tomar un buen café en Las Cruces. “Es que con eso de que a los de la tercer edad nos dan descuento hasta me queda para darnos el gusto”, le dijo al fiel amigo que lo aconsejó ese día.

 

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