La
ex presidenta populista argentina, Cristina Fernández de Kirchner, que se está
postulando como candidata a la vicepresidencia pero que según muchos es la No.
1 en su boleta electoral, encabeza la mayoría de las encuestas para las
primarias del 11 de agosto y las elecciones presidenciales de octubre. Si gana,
Argentina se hundirá en una crisis económica aún mayor que la actual.
Esa
es mi conclusión tras leer algunas estadísticas internas de instituciones
financieras internacionales, que confirman lo que varios economistas
independientes argentinos han estado diciendo durante tiempo.
Las
cifras muestran que Argentina es un país inviable, una nación que gasta mucho
más de lo que produce. También muestran que gran parte de las dificultades
económicas actuales son un legado del aumento del gasto público durante los
gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2015).
De los 44 millones de habitantes de Argentina, hay solo 6.7 millones de
trabajadores del sector privado y 2.3 millones de trabajadores independientes,
que conjuntamente mantienen a las 15.3 millones de personas subsidiadas por el
estado, incluidos empleados públicos, pensionados y personas que reciben
subsidios del gobierno.
En
otras palabras, un total de 9 millones de trabajadores que no trabajan para el
gobierno mantienen a 15.3 millones que son pagados por el gobierno. Ningún país
del mundo puede crecer a largo plazo con esas cifras.
En
comparación, Chile tiene 6.6 millones de personas trabajando en el sector
privado, mientras que solo hay 1.1 millones de trabajadores públicos y 1.5
millones de pensionados. No es casualidad que la economía de Chile haya crecido
mucho más que la de Argentina en las últimas décadas, y que Chile haya tenido
mucho más éxito en la reducción de la pobreza.
En
Estados Unidos, hay 142.4 millones de personas que trabajan en el sector
privado, frente a 22.4 millones de trabajadores públicos y 43.7 millones de
pensionados. Nuevamente, no es de extrañar que la economía de Estados Unidos
haya funcionado mejor que la de Argentina.
Alejandro
Werner, jefe del departamento de América Latina del Fondo Monetario
Internacional, me dijo que el FMI no tiene estadísticas oficiales sobre el
número de trabajadores públicos y privados en Argentina, pero me confirmó que
el país tiene un gasto público desproporcionado.
“Según
diversos estudios, Argentina tiene menos de un trabajador en el sector privado
por cada empleado público o pensionado a cargo del estado”, me dijo Werner en
una entrevista. “Chile y Estados Unidos, en cambio, tienen más de dos
trabajadores del sector privado por cada trabajador o pensionado pagado por el
estado”.
Lo
más preocupante del resurgimiento de Cristina Fernández en las encuestas,
aparte del hecho de que está acusada de robar millones de dólares, es que ha
engañado a muchos argentinos. Los ha hecho creer que encontró la fórmula mágica
para aumentar el nivel de vida del país.
En
rigor, durante los gobiernos kirchneristas, Argentina casi duplicó su gasto
público, del 27 por ciento del producto bruto interno del país en 2006 al 40
por ciento del PBI en 2015. Pero eso se debió a un aumento sin precedentes en
los precios mundiales de las materias primas, que produjo la mayor bonanza
económica en la historia reciente de Argentina.
En
lugar de invertir esa bonanza económica para mejorar los estándares de
educación, construir carreteras y puentes y ahorrar para los años de las vacas
flacas, los gobiernos kirchneristas la usaron para regalar subsidios sociales
masivos. Y cuando los precios mundiales de los productos básicos volvieron a
sus niveles normales, Cristina Fernández dejó el país en bancarrota.
Macri
comparte parte de la culpa de la crisis actual, por no haber desmantelado el
gigantesco aparato estatal que heredó. Temiendo una explosión social, optó por
el “gradualismo”. Cuando la economía de Turquía colapsó en 2018 y los
inversores mundiales huyeron de los países emergentes, Argentina ya no pudo
pagar sus cuentas y tuvo que pedir un préstamo de $57,000 millones al FMI.
Pero Macri por lo menos sabe lo que hay que hacer, y puede hacerlo si gana un segundo mandato. También obtendría más apoyo de inversores internacionales que su rival. Cristina Fernández, en cambio, sigue engañando a los argentinos vendiéndoles el cuento de que se puede crecer gastando más de lo que se gana. Eso no hará más que empeorar la crisis actual.