Hace pocos días miramos con asombro el despegue exitoso y la precisión casi increíble con la que se desarrollo la misión. Con una tripulación variada de tres estadounidenses y un canadiense, integrada por una mujer y un astronauta de color (negro) se dieron el lujo de darle la vuelta a la luna y regresar rompiendo records de distancia que superaron cualquier misión anterior (de USA, China, Rusia o lo que pueda pensar. Fueron como 700 mil millas (y con lo que subió la gasolina ni les contamos).
Un detalle que no funcionó como lo planeado fue el baño, tolido, inodoro, w.c, en fin… se entiende. Vamos a hacer cálculos conservadores. Digamos que un humano promedio va al baño un par de veces a día. 4 astronautas por 9 días más o menos nos dan 36 oportunidades de que algo salga mal (y no nos referimos al uso normal del instrumento).
Ahí nos enteramos que el consabido aparato tuvo un costo impresionante. Se gastaron 23 millones de dólares en desarrollarlo y, según explica la NASA, es que debe funcionar en condiciones de falta de gravedad. Esa cifra nos dice que, si en vez de haberse roto y causado muchas situaciones chuscas todo hubiera “salido bien” cada vez que la naturaleza llamaba, tuvo un costo de ¡639 mil dólares! Y encima les falló un par de veces.
Veremos si la NASA pide que le hagan buena alguna garantía o algún fontanero aproveche y ofrezca sus servicios a cambio de publicidad. ¡Imagínese una marca de papel higiénico o pañales de adultos auspiciando el siguiente vuelo!
Los astronautas de Artemis usan papel marca “Patito”, la más rendidora y que no tapa las tuberías…
Una buena forma de recuperar algo de lo que el presidente les acaba de recortar del presupuesto (algo así como un 20 por ciento) para pagar por la guerra muy terrestre que se está peleando y que encima hizo que semejante hazaña casi pasara desapercibida.
Bueno, a 639 mil dólares por ida este problema está siendo revisado exhaustivamente, con guantes y máscara antigás.