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El Grito y la Independencia de México

El cura Hidalgo adoptó ideales independentistas que desde 1808 se extendieron por el territorio novohispano, participó en conjuras, reuniones secretas disfrazadas de tertulias literarias, llevadas a cabo en la casa del Corregidor de Querétaro, Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz de Domínguez, reunió a personas notables, destacaban abogados, comerciantes y militares.

Los miembros de esta conjura habían acordado levantarse en armas en diciembre de 1810; pero fueron denunciados ante las autoridades virreinales, por lo que algunos fueron hechos prisioneros, y gracias al aviso enviado por la Corregidora a Allende fue que se adelantó la fecha del inicio del movimiento de Independencia.

El Grito de Dolores es considerado el acto con que dio inicio la guerra de Independencia de México. La mañana del 16 de septiembre de 1810 Miguel Hidalgo y Costilla convocó de alguna manera a los habitantes del Pueblo de Dolores y zonas aledañas, a quienes dirigió una arenga para que se sumaran a la rebelión, con lo que se formó el primer contingente que se alzó contra las fuerzas virreinales. Según la tradición, la noche del sábado 15 al domingo 16 de septiembre de 1810, avisados de que la Conspiración en Querétaro había sido descubierta, Hidalgo y los otros líderes de la conjura decidieron iniciar el levantamiento contra las autoridades novohispanas

Fiesta cívica

La primera vez que se conmemoró el 16 de septiembre fue en El Chapitel, en Huichapan, Hidalgo, el 16 de septiembre de 1812, por el general Ignacio López Rayón. Los festejos iniciaron con una descarga de artillería.
José María Morelos, propuso que “se solemnice el 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe, el señor D. Miguel Hidalgo y su compañero Don Ignacio Allende”. Finalmente, se declaró el 16 de septiembre como día de fiesta nacional en la Constitución de Apatzingán; medida que fue ratificada por los congresos constituyentes de 1822 y 1824.

Se realiza en medio de un ambiente solemne. Para recordar ese hecho, cada año a las 11 de la noche del 15 de septiembre, los titulares del Poder Ejecutivo en los distintos niveles de gobierno —presidentes municipales, gobernadores y el presidente—, así como los embajadores en las representaciones en el extranjero, portando una bandera, dirigen a la población una arenga que incluye las siguientes frases:

¡Mexicanos!
¡Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad!
¡Viva Hidalgo!
¡Viva Morelos!
¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez!
¡Viva Allende!
¡Vivan Aldama y Matamoros!
¡Viva la independencia nacional!
¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!

Inmediatamente el orador tañe una campana y ondea la bandera. Después los asistentes cantan el Himno Nacional, para luego dar paso a una verbena popular que puede incluir fuegos artificiales y música folclórica. Los festejos se completan con un desfile militar la mañana del día siguiente. Se trata de la celebración principal del calendario cívico en México.

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